Un día como hoy hace 6 años, me dio por barrer el cuarto a las 11 de la noche, sin entender mucho lo que pasaba. Luego nos dimos cuenta que lo hacía para liberar los nervios que tenía. Comencé a bailar, así como cuando tus pies comienzan a moverse sin tu permiso al oír una canción que te gusta.
Llevaba la cuenta de
cuántos minutos transcurrían entre una canción y otra. Las canciones eran
armoniosas y relajantes, al inicio no sabía seguir muy bien el ritmo, pero
hacia mi mejor intento.
La maleta estaba
preparada una semana atrás, con una lista que hicimos con las cosas que
necesitaríamos para dos o tres días. Era nuestra primera vez y temíamos no
haber anotado algo importante, pero seguimos.
Nos enteramos
entonces que esta vez sí estaba queriendo salir de mi barriga mi Thiago luego
de 37 semanas de espera. Luego de acostumbrarme y enamorarme de todos sus
movimientos dentro de mí, luego de entender sus señales a la perfección, luego
de un largo pero hermoso y enriquecedor curso de prenatal con nuestro obstetra
y otras parejas, luego de un par de cursos de lactancia materna y compartir con
las "Talibanas de la Leche" como les decía mi obstetra, luego de
tener preparada la carta aval para ir a la clínica que seleccionamos junto con
el doctor, estaba queriendo salir de mi barriga a quien tanto esperamos. Llegó
el día. 04/04/2014. Una fecha hermosa.
Las contracciones
comenzaron irregulares a las 3 de la tarde del día 3, a las 11 de la noche ya
eran muy regulares y armoniosas, cada 3 o 4 minutos. Fuimos a la clínica, dónde
sólo mostramos la carta aval emitida tres días antes y de inmediato nos pasaron
al cuarto sin más, "mañana hacemos el trámite administrativo" nos
dijeron, no supe lo maravilloso que fue eso hasta tres años después. Llamamos
al doctor y al oír mi voz me dijo: "Tranquila, todavía te falta" y
llegó a la clínica a las 3 de la madrugada. Estaba todo en paz y tranquilidad. Entró
a la habitación, hizo su único chequeo físico de cómo iba el proceso de parto y
se sentó en una esquina a observar sin que sintiéramos su presencia.
Ese momento fue
entre mágico, hermoso, lleno de ansiedad, un poco de desespero, alegría, mucha
emoción. Mucho amor. Escuchábamos música mientras recibía los masajes, cariños
y apoyo de mi esposo.
A las 7 am parí a
Thiago, en la cama de la habitación, de cuclillas, con el Dr. de un lado y mi
esposo del otro. Los dos dándome fuerzas. Luego de ya sentir que no podía
seguir, que no tendría la capacidad de parir, luego de decirle al doctor que me
hiciera cesárea, parí, a tan sólo pujar una vez más. Un hermoso bebé que
iluminó nuestros rostros y la habitación completa. De inmediato el Dr. lo
acostó sobre mi pecho y sentí toda la serenidad, paz y felicidad que alguien
puede sentir en la vida. Una belleza total. Papá presenció todo el parto y tuvo
la dicha de cortar el cordón umbilical. No habían enfermeras impertinentes
diciéndome que estaba dando mal la teta o que debía darle fórmula porque no se
llenaba el bebé. Fui muy feliz.
Luego, justo tres
años más tarde, a las 7 am del 04/04/2017, celebrando el cumpleaños número 3 de
Thiago, luego de 37 semanas con Samuel en mi panza, decide salir. No nos
creíamos la historia, pero estaba ocurriendo. Comencé a sentir sus
contracciones a la misma hora que su hermano nació pero tres años después.
Bailamos en la casa,
terminamos de preparar las cosas, llevamos a Thiago con los abuelos y nos
fuimos a la clínica. En esta clínica sí hicimos el proceso de ingreso, aquí no
tuvimos la misma dicha que en la clínica anterior. Luego de esperar un rato largo por nuestra
habitación, con contracciones y ansiedad incluidas, nos dieron el acceso. Llegó
un doctor residente queriendo hacer el chequeo del proceso, incluyendo el muy
molesto tacto; le dije: tranquilo, mi doctor está por llegar, él me atenderá. Y
por fortuna se fue.
Al rato llegó
nuestro obstetra, el mismo con el que parí a Thiago, habló conmigo para sentir
mi respiración, escuchó al bebé con una especie de embudo pegándolo a mi panza,
lo escuchó también mi esposo. Y entonces se sentó en una esquina de la
habitación a leer tranquilamente y observarme. Ni siquiera me hizo tacto.
Confiaba plenamente en mi proceso y mi instinto.
Un par de horas
antes de parir, llegó una obstetra amiga del doctor, ella me apoyó en el
proceso como Doula y entró a la sala de parto para intentar cubrir un poco la
ausencia de mi esposo en ese momento tan especial y necesario.
Rompí fuentes y
pocos minutos después estaba volando. Podía oír, pero mi conciencia estaba en
otro lado, en otra dimensión. La música que sonaba en mi cabeza estaba por
encima de todo. De pronto me pareció escuchar a la Doula decirle a la
enfermera: trae la silla de ruedas que ya está pujando. Ni me enteré, pero ya
estaba pariendo, ya estaba saliendo Samuel.
Fuimos a la sala de
parto, sin papá, ya a muy pocos minutos de conocer a Samuel. Me coloqué de
cuclillas en la silla de parto y luego de pujar un par de veces el doctor me
dijo: date la vuelta, agárrate de la silla y abrázala fuerte cuando venga la
contracción. Resulta que así solía pasar mejor las contracciones en la
habitación. El doctor no se equivocó, 2 minutos después, expulsé de mi vientre
a Samuel. A las 4 pm del 04/04/2017. Fue
hermoso ese momento.
Salió yo estando de
cuclillas casi arrodillada en la cama, de frente al respaldar de la cama. El
doctor me dijo que yo misma tomara a mi bebé, y lo hice aún con su cordón conectado
a mi cuerpo. Nunca olvidaré ese momento. Lo coloqué en mi pecho y minutos
después lo pegué a mi teta. Estuvo pegado tomando su primera leche materna por
media hora. Sin médicos ni enfermeras molestas que interrumpieran ese momento
mágico. Pasó la pediatra a hacer la evaluación, pero la Doula le dijo: está
tranquilo el bebé, está bien, está tomando leche de mamá; y se fue.
Mis dos niños
hermosos nacieron el mismo día y no han parado de traerme felicidad y
esperanza. Ha sido difícil, pero son más los momentos hermosos. Los amo más que
a nada en este mundo, más que a mí misma. Soy muy pero muy afortunada de
tenerlos. Mi carupanero y mi ruso. Gracias por nacer el mismo día y ser mis compañeros de vida en
estos momentos tan difíciles. No hay pandemia que me quite esta alegría de
tenerlos conmigo. Los amo!
