miércoles, 18 de diciembre de 2019

Ojalá no existieran...


A la gente le encanta aparentar ser feliz, aun cuando atraviesa por un gran problema económico o sentimental.

Hay quienes con su gran cara de tabla, son capaces de saludar de manera cordial y entusiasta, a quien apenas al voltear le mete la estocada para hundirlo, porque sencillamente no soporta sus victorias o las quiere para él o ella.

También hay esos que saben de un gran engaño o daño que otra persona te está haciendo o te hizo, y en lugar de sentarse contigo para informarte, apoyarte y darte su recomendación, prefiere ocultarlo, ser cómplice y que a la larga el dolor para ti sea mayor.

Hay quienes no soportan tu personalidad y aun así te tratan como su mejor amiga, pero se la pasan hablando mal de ti hasta con el panadero.

En mi opinión, todos estos puntos no hacen demasiado daño si son casos extraordinarios; pero se hacen muy nocivos cuando se vuelven rutinarios y es el común de las personas.

A mí me cuesta hacer el papel de hipócrita. Si la personalidad de alguien no me termina de convencer (porque no todos nos tenemos que agradar), simplemente saludo por cordialidad y ya; no ando por ahí hablando mal de esa persona ni mucho menos intimando con ella aparentando algo que no es.

Si considero a alguien amiga o amigo, soy capaz de decirle la peor de las noticias, con tal de no ser parte luego de una trama o ser cómplice de algo sin yo quererlo.

Soy de las que prefiere alejarse de una persona cuando ésta comienza a cambiar su actitud y se vuelve tóxica.

Ojalá en el mundo no existiera tanta gente falsa e hipócrita. Ojalá se extinguieran los que no pierden tiempo para engañarte así sea vendiéndote productos con precios exageradamente elevados, o esos que te cobran comisiones que no deben existir.

Ojalá no existieran esos que te engañan con sentimientos falsos, con tal de tenerte al lado para tener prestigio o para obtener tu riqueza o tus ideas.

Ojalá la gente fuera más sincera y te dijera a la cara tus errores pero acompañados de soluciones y recomendaciones que no cambiaran tu personalidad.

Ojalá los humanos fueran más humanos y menos destructores de su propia raza. Todo es un círculo vicioso, esos que destruyen no se dan cuenta que hoy son los que engañan, pero mañana o en tan solo unos minutos, pueden ser ellos los engañados y esto puede costarles la vida.

miércoles, 16 de octubre de 2019

En una asesoría de Lactancia Materna…


Debido a mi experiencia en lactancia materna con mis dos bebés, varias mamis me han pedido asesoría en el tema. Es muy gratificante cuando me dicen que no amamantaban a sus bebés y que gracias a mis consejos y las técnicas que les recomiendo, han logrado una lactancia materna exclusiva, sin dolores y con éxito.

Hace un año tuve una consulta de una mami que no lograba darle directo el pecho a su nenita, su papá le daba la leche a través de una jeringa. Ellos no sabían lo que pasaba a profundidad.

Cuando evalúo el entorno y el trato que había en la familia, poco a poco me doy cuenta que a mamá le daba mucha angustia y nervios cargar a su bebita, temía quebrarla o que se le cayera al piso. Ese temor se lo alimentó la abuela de la beba y la propia inseguridad de mamá no ayudaba en nada. La abuela le hacía pensar que no estaba preparada para la responsabilidad de ser mamá y que no sería capaz ni de cargar a su propia hija. Este era un problema muy difícil de afrontar y de hacer ver a la mamá de la bebé. ¿Cómo le dices a una mamá con su primer bebé recién nacido, que su propia madre no confía en nada de lo que hace ella y que es la principal causante de sus dolores de cabeza?

Además de esto, la mamá se angustiaba mucho cuando la beba intentaba succionar la leche y sentía que no le salía lo suficiente, cosa incoherente y que ella no veía, pues ella misma se sacaba la leche y era lo que le daba a la bebé para alimentarla (seguro se sacaba menos de lo que la bebé misma pudiera succionar).

Por otra parte, la abuela de la bebé presionaba mucho a la mamá, en su opinión todo lo que ella hacía estaba mal, le criticaba muchas cosas y no confiaba en el propio instinto de madre que ahora tenía.

Me tocó encerrarme con la mamá y su bebé en su cuarto y explicarle lo importante que es ese contacto físico con la niña. Que a pesar de que ella le estaba dando lactancia materna a su bebé a través de una jeringa, se estaba perdiendo de ese hermoso tesoro que tenemos las madres de poder conectarnos con nuestros bebés a través de nuestros pechos, la lactancia materna y la oxitocina.

Le expliqué que solo necesitaba actuar desde el amor para poder atreverse a sostener a su bebé y cancelar esos malos pensamientos que estaba teniendo en ese momento. Se dio cuenta que ella misma rechazaba a su bebé por las presiones que estaba teniendo y quizás por algunos malos recuerdos de la infancia.

Le hice seguimiento y poco a poco fue tomando a su bebé y conectándose como naturalmente correspondía. Comenzó a darle lactancia materna directo de su pecho y la bebé comenzó a estar más tranquila. Comenzó a tener más confianza en sus instintos y en sus decisiones.

Meses después, me dijo que desde ese día en que fui a su casa a ayudarla, su vida cambió y comenzó a tener una profunda conexión con su bebé.

Ahora son una hermosa pareja mamá-hija y siguen con la lactancia materna activa, ya tienen más de un año en este hermoso camino. Hoy le doy gracias a las dos por hacerme parte de esta historia y por depositar en mí su confianza y permitirme ayudarles.

Esto que siento cada vez que una mamá me agradece desde lo profundo de su alma, no saben lo enriquecedor que es; mucho más de lo que cualquier cheque pueda pagar.

Seguiremos con la magia de la Lactancia Materna.




miércoles, 9 de octubre de 2019

Importancia de la Lactancia Materna

Actualmente hay pocas madres que dedican su tiempo para amamantar a su bebé recién salido de su vientre. Y es que desde los centros de atención, no se le otorga la suficiente importancia a este acto de amor que debe ser entregado a los bebés para tener un mejor crecimiento y adaptación a este mundo exterior.

En los centros hospitalarios y centros de asistencia en general, luego de una cesárea o parto, las enfermeras no suelen ayudar demasiado a las madres primerizas; muchas prefieren encargarse de ponerla más nerviosa, diciéndole que su bebé debe comer porque tiene demasiada hambre (a pocos minutos de salir del vientre), o que la leche que le sale no lo llena, o incluso que no tiene nada de leche. Que es mejor darle fórmula al bebé.

En lugar de esto, deberían decirle a esa madre primeriza, cómo debe colocar a su bebé para darle pecho, o pedir a todos a salir de la habitación para que mamá tenga esa relajación que necesita para cumplir con éxito ese primer acto de amamantar, o incluso dar a esa mamá un pequeño masaje en sus pechos para prepararlos para ese primer momento con bebé. Pero no, ya suelen estar mal acostumbradas a incrementar los nervios e incomodar a la mamá.

Momentos difíciles


Han sido meses muy difíciles para mí, sin duda atravieso el momento más complicado de mi vida hasta ahora. 

Al comienzo de este camino que me tocó, pensé que me desvanecía, ya nada en mi vida tenía sentido, aún tenía mucha gente que me amaba y me apoyaba, pero el principal motor que me inspiraba me abandonó y dejó de darle fuerza a mis pasos.

Veía a mis hijos y mi hogar y me preguntaba qué hacía en ese momento y en ese lugar. Me cuestionaba qué debía aprender de todo este mal rato que me tocó vivir. No encontraba la respuesta.

Fue como un torbellino de situaciones, una peor que la otra, que intentó derrumbarme. Y yo en ciertos momentos en lugar de buscar un refugio y respirar, me iba a lo más profundo del mar mientras caía una gran tormenta.

No es fácil, nada fácil pensar que todo es de una manera y estar segura de eso y que de pronto, te bajen de esa nube y te digan que durante mucho tiempo todo eso fue un montaje. Que te digan que realmente estás sola y que perdiste varios años de tu vida que creíste que fueron lo mejor.

En muy poco tiempo me tocó sentir con mi propia piel, cosas que nunca imaginé que me tocarían. Sabía que he hecho algunas cosas que no debía hacer, o que he dejado de hacer algunas otras cuando realmente no he debido descuidarlas. Pero me preguntaba: ¿tan mal lo hice como para que me paguen así?

Es desesperante no entender nada y sentir que has perdido tu tiempo, que tu dedicación ha sido en vano, que tu amor lo has derrochado, es decepcionante y deprimente perder todas las ilusiones, o que venga alguien y te las robe.

Hay que estar muy pero muy desorientado como para entregar 16 años de esfuerzos y construcción permanente de una vida en familia, al primero que se te cruza en el camino.

He sentido, sin exagerar, que la muerte me ha tocado la puerta, no sabía si era yo quien estaba muriendo, si era mi esposo, si era mi vida, si era mi amor, pero sentí que me tocó la puerta y la vi de lejitos pero con muchas ganas de correr hacia mí, sólo estaba esperando mi señal.

En algunas ocasiones sentí que agonizaba, como si tuviera una grandísima herida en el pecho que no me dejaba comer ni respirar, lo perdía todo.

Por ahora sigo sin entender muchas cosas, sigo sin comprender por qué tenía que suceder esto. Sólo sé que de todo se aprende, incluso de la muerte de un ser a quien tanto amas.

De esto he aprendido mucho, luego de varios meses de trayecto por este túnel interminable, sigo sin saber qué hice o dejé de hacer para merecer todo esto; pero al menos ya estoy clara de algunas cosas que he aprendido hasta ahora y eso lo comparto con ustedes aunque muy probablemente ya lo han leído en otras publicaciones:
  1. Lo que más claro me queda hasta ahora es que el momento es ya y no mañana ni la semana que viene. Sí, es bueno planificar las cosas y soñar con lo que quieres en el futuro, pero eso no puede ser la constante; a lo que le debes dar más fuerza es a vivir el momento, pues me queda clarísimo que de la noche a la mañana todo puede acabar. 
  2. No importa para qué estés guardando tus ahorros, de un día a otro puedes tener una situación en la que tengas que gastarlo todo para poder seguir y no morir.
  3. La nobleza es bonita y puede enamorar, pero ten cuidado a quién se la entregas demasiado, pues así como puede enamorar, también puede ser tu mayor enemigo.
  4. No pienses demasiado las cosas, esto puede impedir tu propio crecimiento o florecimiento.
  5. No te confíes demasiado de nadie, pues cualquiera puede traicionarte en el momento menos esperado por estar bajo presión o necesidad.
  6. Cuando creas que estás en muy mal momento y que todo acabó, sólo pregúntale a tres vecinos cómo les va en su vida personal y laboral, y verás que hay mucha gente que se encuentra en una situación peor que la tuya.
  7. En el trabajo, haz las cosas con empeño, pues puedes obtener frutos de esto; pero toma también un tiempo para tu vida personal y familiar, pues si pierdes el trabajo, conseguirás otro, pero no será tan fácil con la Familia, si la pierdes puede ser el peor error de tu vida.
  8. No descuides demasiado a tus padres, hermanos o tíos, dedica unas horas a la semana para ellos, pues es muy difícil renunciar a tu sangre y a la hora de la chiquita serán tu apoyo para seguir.
  9. Hay quienes tienen más dinero que tú o aparentan estar más felices, pero están completamente vacíos y tristes por dentro. No te dejes engañar, el dinero no lo es todo y las apariencias son atrevidas.
  10. Sea el momento que sea, tus hijos son tu luz, míralos y llénate de vida con ellos.
Sólo me queda decir: vendrán momentos mejores. A tomar fuerzas para continuar…

jueves, 26 de septiembre de 2019

Inicio de actividades escolares


Comienzan las actividades escolares y con ellas también las carreras, los gastos en uniforme, la paridera para cubrir la interminable lista de los útiles escolares, la desconfianza de dejarle tu hijo a una maestra que no conoces, las lágrimas de los más chiquitos por separarse de mamá o de abuela para estar con otros niños que lloran y también están en crisis por la separación, las lágrimas y angustia de mamá por dejar a su bebé tan chiquito en un lugar distinto a sus brazos.


Para muchos será una tontería o incluso pensarán que exagero, pero no, la verdad es que es muy difícil el comienzo de clases para una mamá y más aún si se trata de un bebé de 2 años o menos. No pueden olvidar que ese bebé estuvo 9 meses en el vientre de esa mamá, que no conocía otra cosa que los latidos y la voz de mamá. Que la única que realmente podía sentir a ese bebé a plenitud era la mamá. Que una vez que nace, quien suele atenderlo y entenderlo es mamá. Que mamá viene de dedicarse a ese bebé 24 horas al día, 7 días a la semana.

Y que aunque la vida suele irte preparando poco a poco para los cambios, aún, luego de estar ese bebé por más de un año con su abuela o alguien de confianza por unas horas, esa separación es muy difícil de llevar. Peor es cuando esa escuela no fomenta el período de adaptación para ese niño tan pequeño y tiene el horario como el resto de los niños de la escuela; no permite el acceso de la madre hasta el salón donde estará el bebé para que se vaya adaptando poco a poco, día a día; arrastra al niño aun llorando por la separación y lo lleva a la fuerza al salón; no permite el acceso al parque a esos niños, para que se distraigan mientras mamá se va distanciando del lugar poco a poco.

Es un proceso en el que deben participar todos, en el que deben ceder todos. Mamá debe comenzar a sentir confianza y transmitírsela a su hijo, el niño (o la niña) debe poco a poco ir entendiendo que ese será un lugar bonito donde aprenderá muchas cosas nuevas y compartirá y jugará con otros de su edad, pero también, la maestra y la escuela debe ceder cuotas de control y permitir a ambos a ir adaptándose a esos nuevos cambios radicales que se presentan en sus vidas.

Que distinto fuera si las maestras, en lugar de recibir a los niños con jalones, fuerza y mal humor, los recibiera cantando canciones lindas en el salón, o los recibiera en el parque que tanto les gusta a los más chiquitos sólo por 15 minutos mientras se les olvida que mamá ya no estará presente por unas horas, o los recibiera con juegos dinámicos de correr o esconderse, o los recibiera con un jugo o caramelo en esos primeros días tan difíciles. O que le entregue al llegar su juguete favorito.

Estas cosas me hacen pensar en una idea loca, muy loca, en las ganas de querer montar un maternal y preescolar donde ningún niño o niña llore al llegar y que al contrario deseen asistir. En crear un lugar en el que los niños más pequeños jueguen y se diviertan y se encuentren muy felices a la hora de llegar mamá a buscarlo. En crear un lugar donde todos los niños coman sabroso y con muchas ganas porque la comida tiene dibujitos o colores llamativos para ellos. En un lugar donde los papás deseen quedarse, pero no para ver a su niño llorando sino para verlo feliz, muy feliz y se vayan con el corazón alegre e inspirado. 

Un espacio de cuidados y aprendizaje en el que las listas de útiles contengan juguetes, globos, cuentos, colores, dulces y calcomanías de caritas felices en lugar de una resma de papel. Un lugar en el que las canciones les enseñen y sustituyan lo que contiene un libro aburrido para ellos. Un lugar en el que no se envíe nunca una tarea para la casa, pues en la casa debe dedicarse a compartir y jugar con sus padres. 

Un lugar como este, no hará más que sembrar en esos niños la felicidad y la fuerza que va a necesitar cuando sea mayor y tenga que asumir responsabilidades. Ese lugar fomentará los valores que esos niños necesitan para tener un mundo mejor. De ese lugar, no saldrán niños egoístas o agresivos, pues eso irá en contra de todo lo que practicarán allí. 

Sé que esto no sería nada fácil de crearlo y no es mi carrera, pero me lo voy a pensar en serio. 

¿Ustedes inscribirían a su niñ@ allí?




lunes, 23 de septiembre de 2019

Perder las esperanzas

En los últimos meses he tenido que respirar mucho para no hundirme o rendirme. En algunas ocasiones he sentido ganas de dejarlo todo, de abandonar el camino y tan solo recostarme en la arena en el medio de la orilla de alguna playa. Desconectarme de todos los problemas y responsabilidades, de todo lo que me ha pasado y de lo que está por pasar. 

A veces siento que nada vale la pena, que los esfuerzos que hago no son vistos por nadie, que no son ni serán recompensados nunca por la vida misma. A veces siento que pierdo mi tiempo haciendo algunas cosas para los demás o dedicándoles demasiado mi tiempo a otros que no reservan ni diez minutos para escucharme. A veces siento que las horas extras que trabajo y que no son remuneradas, son sólo desgaste adicional que no es valorado.

Veo la comodidad en la que viven algunos, los gustos que pueden darse y que a mí me cuesta meses de ahorro, las propiedades que tienen y en muchos casos sin trabajar para eso y entonces me pregunto: por qué el mundo tiene que ser tan injusto y por qué tiene que existir tanta desigualdad entre unos seres que nacen, respiran, digieren, caminan, orinan y mueren igual.

Ver la injusticia que algunos tenemos que vivir en ciertos aspectos mientras que otros ni se acercan a algo similar, ver todo lo que me cuesta a veces poder comprarme un helado un viernes por la tarde para endulzarme y liberarme un poco del cansancio que trajo una semana de trabajo fuerte. Ver lo que me cuesta comprar los útiles escolares de las largas listas de las escuelas de mis niños; ver lo difícil que es para mí, sacar de mi sueldo para comer en familia pizza o hamburguesa un sábado en la calle.

Ver todo esto, me hace caer en un foso del que es difícil salir, me hace a veces perder las esperanzas de que todo puede cambiar y que ya vendrán cosas mejores.

Pero entonces recapacito y comienzo a pensar que si no se tienen esperanzas, ya no existe razón para vivir. La esperanza es lo que mueve a la gente, es lo que mueve al mundo.

Así que entonces comienzo a pensar en todos aquellos que están mucho peor que yo, en esos que no pueden comprar no sólo un helado, sino que no pueden comprar la harina de maíz para hacer las arepas, pienso en que el instituto en el que trabajo me da tres pollos mensuales, pero que hay quienes comen un pollo cada dos meses porque el sueldo no les alcanza para más.

Pienso también en los que no pueden trabajar porque sufrieron alguna discapacidad que les restringe ganar algo de dinero para sustentar su hogar. Pienso entonces que al menos logré conseguir un cupo en escuelas públicas para cada uno de mis niños y que aunque la lista de útiles es larga, no me piden cancelar una mensualidad que el año pasado me tenía arruinada.

Y si sigo pensando, los casos son muchos.

Entonces sigo, sin perder la esperanza que mueve las ganas de seguir intentando un futuro mejor y de seguir haciendo las cosas bien aunque no te recompensen como quisieras.

A seguir luchando por conseguir mejores condiciones de vida; que la ACTITUD lo es TODO.


viernes, 13 de septiembre de 2019

Playas que regeneran


Recuerdo que desde niña mis padres siempre me llevaron mucho a las hermosas playas de mi país.

Íbamos a una casa en Río Chico todos los primos, tíos y abuelos por parte de mamá, era una casa propiedad de mi abuelo materno. Recuerdo que íbamos todos a la playa, éramos como 20 personas entre niños y adultos; la casa quedaba a 3 minutos en carro, y nos íbamos en caravana todos apuñuñados. Desde hace más de 20 años que ya no voy, pero recuerdo la casa como si hubiera ido en semana santa pasada. Recuerdo cómo nos comían los zancudos a toda hora. Recuerdo a toda la muchachera corriendo por el patio de la casa jugando a la ere y a las escondidas.

Íbamos mucho también a Macuto, en La Guaira. Allí teníamos un apartamento de la familia al que llegamos a ir cada quince días. Mis papás lo mantenían al día. En ese edificio viví momentos importantes, allí conocí grandes amigos, algunos que perdí con el tiempo, otros que perdí con la distancia y otros que perdí por su desalojo luego de la tragedia de 1998, desde esa fecha no supe más de ellos. 

En ese edificio pasé varios Carnavales y Semana Santa. En la piscina, en el apartamento, en el de algún vecino y en las playas de La Guaira. Jugábamos con bombitas de agua, jugábamos mucho al detective o Clue, también Monopolio, cartas Uno, Policía y Ladrón con cartas, Rummy, Caída, Truco, el escondite, clavados en la piscina y otros que ya ni recuerdo. Nos partimos los dientes, nos dimos golpes en la cabeza, nos perseguimos, nos abrazamos, y algunos nos besamos. Era una época bonita que vivía en “la casa de la playa”.

Allí tuve mi primer novio, allí me enamoré por primera vez. Allí también me desilusioné por primera vez. Veíamos los parapentes pasar por encima del edificio, se lanzaban desde la montaña que quedaba detrás del edificio, a poca distancia de allí. Al frente había canchas de tenis, un estadio de fútbol y uno de béisbol. Cuando nos cansábamos de los espacios del edificio, íbamos a sudar para allá o a caminar por el malecón que estaba a sólo cruzar la calle.

Íbamos también a Margarita, cada vez que la familia de mi papá iba a pasar fin de año por allá o cuando mis padres querían ir a una playa distinta. Íbamos por ferry, con carro o sin carro, incluso una vez fuimos con carro prestado. Siempre visitábamos playa el agua y estábamos todo el día hasta que llegaba el atardecer y con él los gegenes de los que huíamos para salir lo más ilesos posible. Recuerdo que un 31 de diciembre casi nos agarra el fin de año en la carretera, porque esa noche me marié en el carro pasando por Juangriego y vomité. Llegamos a la casa de mis tíos a 5 pa’ las 12 como dice la canción.

Siempre fui de ir mucho a la playa. Ya como esposa y madre no podía ser distinto. Cada vez que siento que necesito respirar, renovarme y recargarme de energía, vamos a la playa. Estar en la orilla es lo que muchas veces mi cuerpo necesita para pensar y seguir adelante. Ese sol, que aunque quema la piel y puede llegar a insolarte, te da vida con su calor y su roce. Que aunque está a millones de kilómetros de distancia, lo sientes cerca, muy cerca. Las olas, que con su sonido te relajan y calman, te llenan de paz. La inmensidad del mar que te demuestra su poder y su autoridad frente a los que creemos que mandamos en el planeta, que te demuestra lo ínfimos que somos. La arena que puede ser de tonos marrones o blancos, puede ser fría o caliente, que aun cuando son partículas minúsculas, puede llegar a relajarte como ninguna otra cosa y logra conectarte con el suelo y con las maravillas de la tierra. Los pájaros, los cangrejos, los pescados y las lanchas que adornan el paisaje y lo hacen perfecto.

El mar del Caribe y su entorno son sinónimo de armonía, de paz y serenidad, aun cuando las olas te muevan constantemente. El mar da vitalidad, el mar refresca hasta el último cabello de tu cuerpo. Y tenemos un privilegio enorme al poder contar con una larga costa de mar tibio la mayor parte del año y con matices hermosos. Tenemos diversas playas para escoger, dependiendo del tiempo que tengamos para disfrutarlas.

La playa para mí es un lugar sagrado al que siempre necesito acudir. A veces se me hace largo el tiempo que pasa entre un día de playa y otro. La verdad es que quisiera ir con mayor frecuencia a la playa, claro, con niños todo se hace un poco más complicado de coordinar. En agosto del año pasado, logramos ir a Margarita y a Coche por una semana, en un paquete bueno que conseguimos, la pasamos sabroso. En mayo de este año tuvimos la extraordinaria oportunidad de estar 4 días en Los Roques, un verdadero paraíso terrenal. Fuimos de aniversario mi esposo y yo. Fue hermoso e inolvidable. Usamos los ahorros para pagarlo, pero la desconexión y privacidad que tuvimos esos días es invaluable. Hace un mes fuimos 4 días a Morrocoy, cayos hermosos que quedan a 4 horas de Caracas en carro. Y también visitamos las playas de La Guaira cuando tenemos un solo día para disfrutar.

Hace un tiempo intentaron frustrarme esa sensación de paz que lograba conseguir frente al mar, por poco me dejo robar. Pero entonces me di cuenta que lo que querían era derrumbarme, querían quitarme mi felicidad y mi paz, esa que no todos la consiguen y que no se puede comprar en la farmacia de la esquina. Comprendí que quien andaba en eso, actuaba de manera planificada y con toda intensión. Entonces aprendí a retomar mi rumbo y a no dejarme vencer por seres inferiores. Inferiores porque no son capaces de trabajar para obtener su propia cosecha, sino que siempre intentan conseguir lo que quieren robándole la cosecha al vecino.

No permitas que venga alguien a quitarte lo que es tuyo y que lo ha sido por años, lucha por conservar tus momentos felices y por seguir multiplicándolos. Yo seguiré disfrutando de mis días de playa con mi familia, de los mejores momentos de mi vida.



viernes, 6 de septiembre de 2019

Presiones laborales


Es fácil decirle a una amiga que tenga fuerzas para pasar un mal momento, es fácil, desde el otro lado del vidrio, decirle a alguien que la tormenta pasará, lo difícil es ser quien tiene que serenarse, tener paciencia y ser perseverante para vencer esos retos que nos pone la vida.

Particularmente, nunca pensé que me tocaría tan difícil en este momento de mi vida.

La presión laboral y responsabilidad que tengo actualmente es muy fuerte, aun cuando podría decir que yo misma me la busqué, pues le demostré con hechos a mi jefe que me apasiona el trabajo que hago.

Es por esto que me asignó trabajos que otros debían hacer, me pidió mejorar las presentaciones que le entregaban sus gerentes, me pidió estadísticas que reflejaran el desempeño de mis compañeros de trabajo para él tomar decisiones importantes, me dio un cargo de confianza, me permitió asistir a varias reuniones internacionales para aprender de otros estados. Me permitió conocer de cerca el centro de la aviación mundial, la OACI en Montreal, en una época hermosa.

Me reconoció mi actitud y disposición a sacar los trabajos adelante a como diera lugar y en muchos casos sin el apoyo de los informantes. Me ayudó regalándome lo que más puede valorar un estadístico para trabajar: una computadora, me ofreció oportunidades impensables para mi situación, me envió globos a la clínica cuando nació mi bebé.

Y para cerrar con broche de oro, me designó una gran responsabilidad, un proyecto que marcará un hito en la historia del proceso para los trámites que realizan los pilotos, tripulantes de cabina y personal aeronáutico en general, un proyecto que acabará con las pocas oportunidades que tienen algunos corruptos de emitir un documento fraudulento, un proyecto que tiene un módulo donde se desarrolla un sistema que sólo uno o dos estados de la región ha logrado consolidar.

Un proyecto preñado de esperanzas y cosas muy buenas que si logro llevar a su final feliz, figurará con mi nombre para siempre. No es poca cosa. Y para aquellos que pusieron a volar su imaginación con esto que escribí, no, no le entregué más que mi trabajo y dedicación en lo laboral, pero para él era justo lo que buscaba.

Mientras algunos no valoran el trabajo que haces y que puedes llegar a hacer, otros te dicen: “no es necesario ver tu currículum, sé que eres una muy buena profesional”.

Siempre he sido de las lanzadas que deciden preguntarle a su jefe si puede darle un par de días para tomar un descanso necesario para ir a la playa luego de un intenso trabajo. Soy de las que le pregunta a su jefe, con pocas semanas de conocerlo, si puede darle la oportunidad de comprar un pernil a precio de regalo para hacer las hallacas (incluso, nunca me lo quiso cobrar). Soy de las que le habla de frente al jefe, incluso tuteándolo, mientras otros tiemblan o le dicen MI CORONEL, aun cuando ellos no sean militares.

Soy de las que le dice a su nuevo jefe que sí estoy dispuesta a trabajar para su gerencia y me cambiaría de área, pero no desde donde se encuentra su oficina sino desde la sede administrativa que queda más cerca de mi hogar. Soy de las que le dice a su jefe, con estadística en mano, quién trabaja mejor o peor aun cuando eso implique ganarme un enemigo. Soy de las que se ingenia y entrega cosas nuevas sin que se las pida su jefe.

El que no arriesga, no gana. Esa es mi premisa y me ha permitido conseguir muchas cosas.

El proyecto que estoy llevando es muy ambicioso e involucra la participación de muchos actores, todos jefes, incluso algunos de ellos con cargos más altos que el mío, pero por suerte he sabido llevar las cosas y he logrado ya superar más de la mitad del camino. Afortunadamente la empresa que nos está desarrollando el proyecto, es responsable y empuja a cada momento las actividades que se demoran.

Estoy segura que de esta saldré victoriosa y que seré la responsable de haber cerrado una etapa manual en la aeronáutica para abrir otra en la que la tecnología y los trámites electrónicos son el camino exitoso.

Venezuela irá a la vanguardia en el sector aeronáutico en la Región Sudamericana.

Seguimos...

martes, 20 de agosto de 2019

La envidia


Hay momentos en los que con solo ver la cara de alguien, te das cuenta que te está envidiando lo que estás comiendo o lo que estás haciendo.

Yo suelo ser precavida con lo que voy obteniendo, pues estoy clara que la gente que te envidia puede ser capaz de todo con tal de quitarte ese trozo de felicidad que ellos no tienen. Y cuando digo gente, incluyo a la pareja, mamá, hermana o mejor amiga, pues tal vez no desean verte mal, pero el deseo de querer obtener lo mismo puede ser tan fuerte, que sin intención hacen que pierdas lo que tienes al desanimarte o no celebrar tus logros porque los quieren para ellos.


Donde trabajo, en algunas ocasiones tenemos el privilegio de representar a nuestro país en otras latitudes y no es hasta que me dan el pasaje, que entonces les doy la noticia a los más allegados. ¿Por qué? Pues porque la envidia de una persona puede ser capaz hasta de hablarle mal de ti a tu jefe, con tal que sea él quien vaya en ese avión en lugar de a ti, o simplemente no quiere verte feliz y por eso hace lo posible porque no obtengas tus logros.


Incluso con mi esposo, nunca he querido alardear de sus cualidades y de las cosas lindas que hace, pues hasta la amiga que te jura su amistad hasta la muerte, sería capaz de destruirte con tal de ella obtener la felicidad de sus sueños, así sea con tu esposo, ese que le vendiste sin pensar que en algún momento lo querría para ella. Total, tu amistad podrá reemplazarla con otra, pero un tipo así es muy difícil de conseguir en estos tiempos.


Hay quienes envidian a tus hijos, aun cuando éstos son el fruto de amor entre tu pareja y tú, aun cuando tus hijos son esos a los que has venido enseñando día a día a ser como tú y tu pareja quieren que sean. Aun cuando se parecen es a ti y a tu pareja, igual te los envidian.


Hay quienes envidian hasta tu manera de vestir o de caminar, porque te ven feliz y despreocupada y eso no les parece justo y lo quieren para ellos; y en lugar de trabajar para eso, lo quieren robar, pues en muchos casos es más sencillo robarlo que trabajarlo por semanas y años.


De un tiempo para acá, siento como un fantasma que me persigue algunas veces para intentar quitarme lo que es mío y que me he ganado con mucho esfuerzo, trabajo y constancia.


Algunas veces temo perder todo lo que he logrado, pero entonces me pregunto: ¿por qué es que voy a regalar, así sin más, lo que he conseguido, sólo porque alguien siente envidia por lo que tengo? 


¡Pues no! Lo lamento, pero lo mío es mío, gánate tú lo tuyo o cómpralo a quien esté dispuesto a vendértelo.


Mi felicidad es mía, forja tú la tuya.




viernes, 2 de agosto de 2019

Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019


Desde el primer mes de mi primer embarazo, sabía que el mejor alimento que le podía ofrecer a mi bebé sería la leche materna. Lo sabía aún sin investigar; mi instinto me decía que era lo que debía hacer.

Tenía mucha confianza y seguridad en que mi bebé sería amamantado y que no necesitaría nada más para alimentarse sanamente y recibir todos los nutrientes. De hecho nunca le compré fórmula, ni por un plan B.

Para mí, sin internalizarlo en ese momento, esa es la clave principal del éxito de la lactancia materna: la seguridad y confianza que debe tener mamá para amamantar.

Ya los problemas que vengan después, los podrá superar, lo importante es que nunca pierda la confianza en que ella puede dar leche materna a su bebé recién nacido.

El bebé no necesita ninguna inducción o curso para aprender a succionar del pecho, su instinto también tiene muy claro cómo es el proceso y lo hace con naturalidad. En la mayoría de los casos es mamá quien debe corregir un poco las posiciones, pero todo puede lograrse con algo de orientación.

Mi primer bebé, minutos después de un parto natural humanizado, se pegó a la teta como si ya fuera la quinta vez que lo hacía. Esa primera succión dolió sólo un poquito, más que dolor era una sensación extraña o incómoda. Se agarró mejor del pecho derecho que del izquierdo, no porque él no supiera, sino porque era más fácil para mi sostenerlo de ese lado y lo posicionaba mejor.

Las veces posteriores comenzó a doler un poco más, pero no era el pecho lo que dolía, era el vientre que comenzaba a retomar su posición y tamaño de nueve meses atrás. Este era un dolor que al final sería mejor sentirlo, pues me recuperaría del embarazo más rápido y evitaría cualquier complicación postparto. Por eso, era un dolor que sentía con tranquilidad y hasta con gusto.

Dos semanas después fue que comenzó el dolor más intenso en los pechos, cuando me di cuenta, ya tenía los pezones rotos. Pero para llegar allí, tuve que estar posicionando mal a mi bebé por horas y días sin darme cuenta. Pensé que lo estaba haciendo bien pues él lograba obtener la leche materna, pero resulta que eso no basta, lo que no sabía es que mamá no debe sentir dolor alguno en el pecho al amamantar. Poco a poco sentía un pequeño dolor en los pezones y dejaba de doler en el transcurso de la toma. Esto me estaba indicando que mi bebé se estaba agarrando mal del pecho y me ocasionó grietas en los pezones.

Afortunadamente lo traté de inmediato, fui a pedir ayuda con una mami que tenía pocos meses de experiencia con su bebé, pero al menos era más que la que yo tenía. En seguida me dijo que era que lo estaba colocando mal a la hora de amamantar, pues no debía sentir dolor al darle pecho. Me recomendó ir con un colectivo de lactancia materna, allí me indicaron las posiciones correctas y comencé a ponerlas en práctica. Sólo tenía que corregir algunos detalles. 

A los pocos días comenzaron a curar los pezones con ayuda de la misma leche materna y con la correcta posición para amamantar y comenzó entonces el disfrute de dar pecho a mi bebé.

Es muy importante que mami pueda contar con esa ayuda inmediata si se le presenta un inconveniente como este, pues si en lugar de recurrir a alguien que la oriente, decide rendirse y dar fórmula, no podrá nunca sentir esa maravillosa conexión con su bebé que no podrá tener dándole un tetero. Aunque hiera susceptibilidades con esto, les digo, esa conexión que se tiene al amamantar es inigualable.

Me han llamado algunas mamis pidiendo ayuda para aprender a amamantar correctamente y en todos los casos he visto que el problema es la poca seguridad que tiene mamá para dar pecho, bien sea porque ella no tiene confianza o verdadero interés o incluso porque las personas que normalmente acompañan a mamá en ese proceso, en lugar de ayudarla la ponen más nerviosa de lo que ya está.

En estos tiempos es más fácil despejar estas dudas, pues las redes sociales pueden ser una gran herramienta para conseguir apoyo y videos para orientarnos.

Sí, en algunas ocasiones llegas a agobiarte por dedicarle tanto tiempo a tu bebé, pero luego que destetas, extrañas esos momentos y deseas volver a ellos. Todo esto sin hablar de los innumerables beneficios que obtiene el bebé con este mágico alimento, recibe los nutrientes que necesita, en la cantidad que necesita, la leche materna lo protege contra la neumonía, la diarrea, las infecciones del oído, el asma, entre otras enfermedades; el bebé recibe sus vacunas a través de la leche materna, y además de todo no tienes que gastar dinero en esa fórmula que es bastante costosa e intenta imitar la leche de mamá.

Es una maravilla que se celebre al año una semana completa por la lactancia materna, así recordamos la importancia de amamantar y le damos impulso a esas mamis que todavía dudan en hacerlo.

Aquí estoy dispuesta a ayudar a aquellas mamis que estén por parir o que tienen pocos días de haber parido, pues sí se puede amamantar, es normal hacerlo, sólo necesitas confianza en ti misma, persistencia y en algunas ocasiones ayuda de otra mami que haya amamantado.

¡ Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019 !

lunes, 24 de junio de 2019

El apoyo que necesita mamá

La gente no se da cuenta de todo lo que está detrás de un parto natural y de un bebé con pocos días, semanas y meses de nacido. A veces ni las mujeres se enteran del trabajo intenso que se debe hacer en esos días, la mayoría de las veces el papá del bebé y esposo de la madre tampoco lo percibe.

Señoras y señores, les informo que una madre que parió pocos días antes y que carga con su bebé sin niñera, está enteramente dedicada a su bebé, descuida su propio cuerpo, hasta su propio alimento, descuida su recreación necesaria, descuida su orden, descuida la plancha, el coleto y la escoba, descuida su higiene, descuida a su pareja, descuida a su familia, lo descuida todo por encargarse plenamente de ese nuevo integrante que llegó al hogar y que germinó dentro de ella por 9 lunas, 9 meses.


Durante esos días, luego de parir, la madre siente que el tiempo no le rinde. Tiene tantas cosas que hacer y se encarga de tantas tareas que a las ocho de la noche ya se encuentra completamente agotada, que solo piensa en acostarse a descansar antes de que el bebé se despierte de nuevo.


Recuerdo que siempre me quedaba dormida amamantando en la noche a mi segundo bebé. Hacíamos colecho y se despertaba al menos dos veces en las noches para tomar pecho, era agotador. Aparte de esto, estaba siempre en la cama entre mi esposo y yo para que no se cayera al piso. El corral estaba siendo usado de closet, pues en lo que acostaba allí al bebé, al minuto y medio se levantaba llorando y despertaba al hermano y a todos.


Justo ahora con mi bebé de más de 2 años, que ya camina y dejó los pañales, tengo 2 semanas sin poder arreglarme las uñas. ¿Creen que es sencillamente porque no quiero? Pues no, no me las he podido arreglar ya que para eso tengo que escaparme de los niños por lo menos hora y media y que luego de ese tiempo no tenga pensado hacer algo que me arruine la pintura. Eso es mucho más complicado de lo que parece.


Sería otra cosa si entre las mismas mujeres nos apoyáramos con algunas tareas, e incluso que los papás o los hombres en general, también nos apoyaran con las actividades. Que los papis de la casa se encarguen más de la comida, del orden, del fregadero y del mercado. Que las abuelas cuiden más a los bebés mientras mamá pueda asearse y darse una ducha sin apuro. Que los tíos y las tías traigan a la casa un arroz chino casero, una frutica o un arroz con leche. O que ayuden también a la abuela con el cuidado del bebé mientras mamá se ocupa un poquito de ella.


Que las tías, abuelas y amigas no se encarguen de criticar lo que hace mamá y lo que dejó de hacer papá y que demuestren con hechos que ellas sí comprenden lo que mamá necesita y ofrecen realmente su ayuda.


Ojalá todos los papis entendieran que mami necesita espacio, necesita tiempo para recomponer su cuerpo, que mami necesita tiempo para procesar todo lo que ha pasado y que todo estará bien con el trabajo en conjunto. Que mami necesita recuperar todas las fuerzas que entrega a su bebé en el día. Que mami necesita recuperar la confianza en sí misma aun cuando piensa que acaba de perder toda su sensualidad.


Ojalá todas las mujeres tuvieran mayor afinidad con esas madres que recién acaban de hacer llegar a su hogar un nuevo integrante, y no que por el contrario, intenten seducir a ese esposo que se encuentra haciendo su esfuerzo por entender a esa mujer que se convirtió en madre.



Ojalá existiera más feminismo y más sororidad en la humanidad, pero eso es tema de otro post; por ahora lo dejaré así.