Desde el primer mes de mi primer embarazo, sabía que el mejor alimento que le podía ofrecer a mi bebé sería la leche materna. Lo sabía aún sin investigar; mi instinto me decía que era lo que debía hacer.
Tenía
mucha confianza y seguridad en que mi bebé sería amamantado y que no
necesitaría nada más para alimentarse sanamente y recibir todos los nutrientes.
De hecho nunca le compré fórmula, ni por un plan B.
Para
mí, sin internalizarlo en ese momento, esa es la clave principal del éxito de
la lactancia materna: la seguridad y confianza que debe tener mamá para
amamantar.
Ya los
problemas que vengan después, los podrá superar, lo importante es que nunca pierda
la confianza en que ella puede dar leche materna a su bebé recién nacido.
El bebé
no necesita ninguna inducción o curso para aprender a succionar del pecho, su
instinto también tiene muy claro cómo es el proceso y lo hace con naturalidad. En
la mayoría de los casos es mamá quien debe corregir un poco las posiciones,
pero todo puede lograrse con algo de orientación.
Mi primer
bebé, minutos después de un parto natural humanizado, se pegó a la teta como si
ya fuera la quinta vez que lo hacía. Esa primera succión dolió sólo un poquito,
más que dolor era una sensación extraña o incómoda. Se agarró mejor del pecho derecho
que del izquierdo, no porque él no supiera, sino porque era más fácil para mi
sostenerlo de ese lado y lo posicionaba mejor.
Las veces
posteriores comenzó a doler un poco más, pero no era el pecho lo que dolía, era
el vientre que comenzaba a retomar su posición y tamaño de nueve meses atrás. Este
era un dolor que al final sería mejor sentirlo, pues me recuperaría del
embarazo más rápido y evitaría cualquier complicación postparto. Por eso, era
un dolor que sentía con tranquilidad y hasta con gusto.
Dos semanas
después fue que comenzó el dolor más intenso en los pechos, cuando me di
cuenta, ya tenía los pezones rotos. Pero para llegar allí, tuve que estar
posicionando mal a mi bebé por horas y días sin darme cuenta. Pensé que lo
estaba haciendo bien pues él lograba obtener la leche materna, pero resulta que
eso no basta, lo que no sabía es que mamá no debe sentir dolor alguno en el
pecho al amamantar. Poco a poco sentía un pequeño dolor en los pezones y dejaba
de doler en el transcurso de la toma. Esto me estaba indicando que mi bebé se
estaba agarrando mal del pecho y me ocasionó grietas en los pezones.
Afortunadamente
lo traté de inmediato, fui a pedir ayuda con una mami que tenía pocos meses de
experiencia con su bebé, pero al menos era más que la que yo tenía. En seguida
me dijo que era que lo estaba colocando mal a la hora de amamantar, pues no debía sentir dolor al darle pecho. Me
recomendó ir con un colectivo de lactancia materna, allí me indicaron las
posiciones correctas y comencé a ponerlas en práctica. Sólo tenía que corregir algunos detalles.
A los pocos días
comenzaron a curar los pezones con ayuda de la misma leche materna y con la
correcta posición para amamantar y comenzó entonces el disfrute de dar pecho a mi bebé.
Es muy
importante que mami pueda contar con esa ayuda inmediata si se le presenta un
inconveniente como este, pues si en lugar de recurrir a alguien que la oriente,
decide rendirse y dar fórmula, no podrá nunca sentir esa maravillosa conexión
con su bebé que no podrá tener dándole un tetero. Aunque hiera susceptibilidades
con esto, les digo, esa conexión que se tiene al amamantar es inigualable.
Me han
llamado algunas mamis pidiendo ayuda para aprender a amamantar correctamente y
en todos los casos he visto que el problema es la poca seguridad que tiene mamá
para dar pecho, bien sea porque ella no tiene confianza o verdadero interés o
incluso porque las personas que normalmente acompañan a mamá en ese proceso, en
lugar de ayudarla la ponen más nerviosa de lo que ya está.
En
estos tiempos es más fácil despejar estas dudas, pues las redes sociales pueden
ser una gran herramienta para conseguir apoyo y videos para orientarnos.
Sí,
en algunas ocasiones llegas a agobiarte por dedicarle tanto tiempo a tu bebé,
pero luego que destetas, extrañas esos momentos y deseas volver a ellos. Todo esto
sin hablar de los innumerables beneficios que obtiene el bebé con este mágico
alimento, recibe los nutrientes que necesita, en la cantidad que necesita, la
leche materna lo protege contra la neumonía, la diarrea, las infecciones
del oído, el asma, entre otras enfermedades; el bebé recibe sus vacunas a
través de la leche materna, y
además de todo no tienes que gastar dinero en esa fórmula que es bastante costosa
e intenta imitar la leche de mamá.
Es una
maravilla que se celebre al año una semana completa por la lactancia materna,
así recordamos la importancia de amamantar y le damos impulso a esas mamis que
todavía dudan en hacerlo.
Aquí
estoy dispuesta a ayudar a aquellas mamis que estén por parir o que tienen
pocos días de haber parido, pues sí se puede amamantar, es normal hacerlo, sólo
necesitas confianza en ti misma, persistencia y en algunas ocasiones ayuda de otra mami que haya amamantado.
¡
Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019 !