Ella estaba muy cómoda y feliz dándole un tetero de 5 onzas a su bebé de sólo tres meses, lo cual casi equivale a un cuartico de chicha de los de antes. Cómoda porque estaba explayada en una silla de la feria de comida del renombrado Centro Comercial, y feliz porque con una mano le daba el tetero y con la otra sujetaba el tenedor con el que se comía una grasienta cena para seguir incrementando el tamaño de su barriga, que ya era similar a la barriga del Señor Barriga de la Vecindad del Chavo. Y no critico su gordura, sólo critico que quiera llevar a su hija por la misma calle para llegar al mismo destino.
El espectáculo verdaderamente era para grabarlo, pero mi rabia no me permitía hacerlo. Mi esposo me hablaba y me contaba su jornada del día, pero mi cerebro no hacía más que llorar por dentro por tener que ver eso sin poder hacer nada, pues no era mi hija sino la de ella, y cada quién cría a sus hijos como le parece.
La bebé la tenía de espaldas a ella. El tetero en la boca
que de casualidad le daba espacio para respirar por la nariz. La bebé medio
cayéndose de las piernas de la madre. En momentos, se empapizaba de tanta fórmula
que le metían sin preguntarle. Es que si se ahogaba, la mamá ni se daría cuenta
porque la tenía de espaldas y estaba muy ocupada comiendo con la otra mano.
¿Y el tetero? ¡Ay el tetero! Es que me dio de todo al ver todo
eso, primero porque obviamente era fórmula láctea que para nada tiene el montón
de beneficios que tiene la leche materna que nosotras estamos adaptadas para
dar, sino que por si fuera poco, le estaba dando CINCO onzas a una bebé tan
chiquitica. Mi Thiago, en una sola sentada, con ya casi un año y medio de edad,
no se toma esas cinco onzas ni obligado.
El estómago de un bebé es del tamaño de su puño. Los bebés
saben muy bien cuánto necesitan comer, es lo que mejor saben hacer. Somos
nosotros de grandes los que abusamos con las cantidades que necesitamos porque
ya nos mal acostumbraron desde pequeños.
Esa mamá, ni se imagina la verdadera felicidad que
siento yo cada vez que mi Thiago toma su teta, mirándome como sólo él lo sabe hacer,
agradeciéndome por tanta entrega, por tanto amor. Y yo monitoreando sus
latidos, su respiración, su calor, sus movimientos, sus sonrisas.


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