martes, 20 de agosto de 2019

La envidia


Hay momentos en los que con solo ver la cara de alguien, te das cuenta que te está envidiando lo que estás comiendo o lo que estás haciendo.

Yo suelo ser precavida con lo que voy obteniendo, pues estoy clara que la gente que te envidia puede ser capaz de todo con tal de quitarte ese trozo de felicidad que ellos no tienen. Y cuando digo gente, incluyo a la pareja, mamá, hermana o mejor amiga, pues tal vez no desean verte mal, pero el deseo de querer obtener lo mismo puede ser tan fuerte, que sin intención hacen que pierdas lo que tienes al desanimarte o no celebrar tus logros porque los quieren para ellos.


Donde trabajo, en algunas ocasiones tenemos el privilegio de representar a nuestro país en otras latitudes y no es hasta que me dan el pasaje, que entonces les doy la noticia a los más allegados. ¿Por qué? Pues porque la envidia de una persona puede ser capaz hasta de hablarle mal de ti a tu jefe, con tal que sea él quien vaya en ese avión en lugar de a ti, o simplemente no quiere verte feliz y por eso hace lo posible porque no obtengas tus logros.


Incluso con mi esposo, nunca he querido alardear de sus cualidades y de las cosas lindas que hace, pues hasta la amiga que te jura su amistad hasta la muerte, sería capaz de destruirte con tal de ella obtener la felicidad de sus sueños, así sea con tu esposo, ese que le vendiste sin pensar que en algún momento lo querría para ella. Total, tu amistad podrá reemplazarla con otra, pero un tipo así es muy difícil de conseguir en estos tiempos.


Hay quienes envidian a tus hijos, aun cuando éstos son el fruto de amor entre tu pareja y tú, aun cuando tus hijos son esos a los que has venido enseñando día a día a ser como tú y tu pareja quieren que sean. Aun cuando se parecen es a ti y a tu pareja, igual te los envidian.


Hay quienes envidian hasta tu manera de vestir o de caminar, porque te ven feliz y despreocupada y eso no les parece justo y lo quieren para ellos; y en lugar de trabajar para eso, lo quieren robar, pues en muchos casos es más sencillo robarlo que trabajarlo por semanas y años.


De un tiempo para acá, siento como un fantasma que me persigue algunas veces para intentar quitarme lo que es mío y que me he ganado con mucho esfuerzo, trabajo y constancia.


Algunas veces temo perder todo lo que he logrado, pero entonces me pregunto: ¿por qué es que voy a regalar, así sin más, lo que he conseguido, sólo porque alguien siente envidia por lo que tengo? 


¡Pues no! Lo lamento, pero lo mío es mío, gánate tú lo tuyo o cómpralo a quien esté dispuesto a vendértelo.


Mi felicidad es mía, forja tú la tuya.




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