Era una tarde
cualquiera. Ella aseguraba que de tan solo pensarle o estar a pocas cuadras de
llegar donde él estaba, era capaz de sentir mariposas en el estómago.
Sus actos eran
basados siempre en hacerlo feliz a él, no se comía la última galleta pensando
que a él también le gustaría disfrutar de ese momento. Escogía comprar la
galleta de chocolate sólo porque sabía que a él le gustaría más esa, que la
galleta de fresa que era la que le gustaba a ella.
Ella prefería
escoger la película de terror que a él le gustaba, en lugar de escoger la
película romántica que moría por ver a su lado.
Estaba siempre
pensando en los minutos que faltaban para volver a verlo, en estar de nuevo con
él para contarle lo bueno o lo malo que le había ido en su día de trabajo. Para
abrazarle y besarle como no se cansaba de hacerlo.
Al saber que en pocos
minutos se quedarían solos en el mismo cuarto, ella comenzaba a sudar y temblar
de emoción y ansiedad, pues en breve compartiría de la intimidad con él como
nunca lo había sentido con nadie. En esos momentos con él, siempre ella estaba por
encima de todo. Él se aseguraba de hacerla sentir como una reina, aunque esto sonara
a fantasía. Él estaba dispuesto a esperar meses y meses hasta que ella se sintiera
en confianza para dejarlo dar un paso más.
No importaban los
colores, no importaban las luces, no importaba el dinero gastado para contar
con esa intimidad. No importaban los riesgos tomados. No importaba si hacía sol
o si había estrellas. No importaba si hacía frío o si hacía calor.
No importaba si
había música o silencio. No importaba si al día siguiente había clases o examen
o si era domingo. No importaba si había preservativo o no.
Con él todo era
perfecto. Con el no hacía falta más nada. Con él no existían ni los buenos ni
los malos. Con él, no importaba si había luz o no. Con él, ella tenía un boleto
asegurado a la luna; un boleto que nunca nadie le había siquiera asomado antes.
Con él no existía
más nadie bailando en la pista. Con él no existía religión ni credo, no
existían las buenas ni las malas costumbres.

Lo mejor de haber decidido vivir lo vivido, es volver a esos momentos y ser de nuevo, de alguna manera, feliz. ;-)
ResponderEliminarAsí es mi querida Maryu. A través de los recuerdos, lo revives por unos instantes, y te dices: no me arrepiento de nada!
EliminarGracias por tu comentario y tu lectura. Un abrazo!