En los centros
hospitalarios y centros de asistencia en general, luego de una cesárea o parto,
las enfermeras no suelen ayudar demasiado a las madres primerizas; muchas prefieren
encargarse de ponerla más nerviosa, diciéndole que su bebé debe comer porque
tiene demasiada hambre (a pocos minutos de salir del vientre), o que la leche
que le sale no lo llena, o incluso que no tiene nada de leche. Que es mejor
darle fórmula al bebé.
En lugar de esto,
deberían decirle a esa madre primeriza, cómo debe colocar a su bebé para darle
pecho, o pedir a todos a salir de la habitación para que mamá tenga esa
relajación que necesita para cumplir con éxito ese primer acto de amamantar, o
incluso dar a esa mamá un pequeño masaje en sus pechos para prepararlos para
ese primer momento con bebé. Pero no, ya suelen estar mal acostumbradas a
incrementar los nervios e incomodar a la mamá.
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