Desde el comienzo
del viaje me imaginé que conocería un hermoso lugar, pero nunca pensé que sería
así de mágico. Disfruté como nunca, conocí en pocos días lugares maravillosos
que ofrece mi país. Pero ese viaje, por ser el primero, transcurrió muy rápido
y no lo disfruté como hubiera querido.
Hace ya casi un año,
mi esposo me regaló por nuestro décimo aniversario de matrimonio, una nueva aventura
a la maravillosa isla de Los Roques. Me entregó una tarjeta que contenía los
datos del vuelo de salida y de llegada y el lugar donde nos quedaríamos, el cual
incluía todas las comidas. Mi emoción fue desbordante.
Desde que salimos del
aeropuerto de Maiquetía comenzó la adrenalina, pues al llegar a la aeronave que
nos llevaría al archipiélago, nos daban la opción de escoger los puestos y
logramos sentarnos detrás de los mismísimos pilotos. Fuimos detrás de los
controles, viendo todo el proceso desde la preparación del vuelo hasta el
aterrizaje. Estábamos nerviosos, pero fue alucinante tener puestos VIP en el
avión. Además sentimos mucha seguridad por el manejo de los pilotos, sabían
perfectamente lo que hacían y podría apostar que con los ojos cerrados podían
hacer bien todo el proceso de nuevo.
Al llegar a la isla
principal, el Gran Roque, ya nos comenzamos a deleitar con los hermosos colores
que ofrece la isla. Cuando comienzas a ver esos colores desde la ventanilla del
avión, se te eriza la piel y sientes la magia del lugar.
Debo decir que la
posada nos trató de maravilla, pues nos buscó en la pista de aterrizaje y nos recibió
desde la mañana en sus instalaciones y nos ofreció todas las comidas, aun
cuando el check in normalmente es a las 2 pm. La atención del personal de la
posada fue de lujo, muy amables desde que llegamos hasta que nos fuimos,
incluso el día de salida también nos dieron desayuno y almuerzo con snacks y
bebidas incluidas. Se esmeraban para que volvieras a contactarlos en un próximo
viaje y los recomendaras, por eso no les importaba ofrecer sus servicios de la
mejor manera posible. La posada se llama Natura Viva, una belleza de lugar.
Los lancheros
también fueron muy cordiales y simpáticos, nos entendían perfectamente lo que
queríamos. Les pedimos que en ese viaje queríamos privacidad, paz, relajación,
y nos llevaron a los cayos perfectos para lograr eso, en uno de los cayos estuvimos
completamente solos, en el resto de los cayos habían 3 o 4 parejas, igual se
respiraba mucha paz y serenidad. Nadie estaba pendiente de lo que hacías o dejabas
de hacer, nadie te veía, cada quien en lo suyo, en su mundo, en su paraíso.
El día que estuvimos
solos en uno de los cayos me sentí totalmente libre, libre de
responsabilidades, libre de problemas, libre de deudas, libre de trabajo, no
tenía que preocuparme por hacer la comida, no habían preocupaciones por mostrar
esos kilos de más, no tenía que cuidar a los niños, no tenía que cumplir un horario
de trabajo, no tenía que justificar lo que estaba haciendo ni dar explicaciones,
simplemente hacía lo que quería, me bañaba en esa hermosísima claridad de agua,
me acostaba en la suave y fría arena, paseaba por la orilla, incluso pude
bañarme sin la parte de arriba del traje de baño, feliz, libre, llena de paz. Nunca
olvidaré ese día.
En uno de los cayos,
la arena era fría, de corales partidos, blanquita con tonos rosados, era
hermosa, era muy relajante caminar por la orilla. En otro de los cayos podías
hacer snorkel y ver diversidad de peces, incluso los sentías y veías alrededor de
tus pies. En otro de los cayos daban cursos de Kitesurf, ese día habían unos
españoles “flipando” por lo que estaban viviendo.
Todas las noches
volvía a la posada feliz y recargada. Y de paso, luego de un hermoso día, nos
recibían con una merienda especial: empanaditas, tequeños, cremitas de untar.
Si los extranjeros
supieran lo mágico del lugar, si supieran lo que se siente estar en ese
maravilloso paraíso, no les importaría repetir su destino de vacaciones, irían
cada vez que pueden. No he visitado un lugar donde haya sentido lo mismo que
allá en Los Roques. La vida me ha dado la gran oportunidad de ir a varios
lugares, visité la Torre Eiffel, el puerto viejo de Montreal, Venecia, La Gran
Vía de Madrid y ninguno de esos momentos se compara a lo que llegué a sentir en
ese mágico viaje (aunque muy corto para mi gusto).
Ese viaje fue costoso,
pero hay opciones más económicas y el dinero viene y se va, pero esos hermosos
recuerdos quedan para siempre en tu mente y en tu corazón. Disfruten de los
maravillosos destinos que tenemos en nuestro país, son invaluables, somos muy
afortunados de tenerlos tan cerca.
¡Hermoso relato! ¡Indudablemente es un destino que no puede faltar en mi visita por Venezuela!
ResponderEliminarFelicitaciones por tu bello país.
Me alegro mucho que te haya gustado lo que escribí. No puedes perder de vista este destino, te lo recomiendo con los ojos cerrados. Una experiencia inolvidable.
Eliminar