Para muchos será una tontería o incluso pensarán que exagero, pero no, la verdad es que es muy difícil el comienzo de clases para una mamá y más aún si se trata de un bebé de 2 años o menos. No pueden olvidar que ese bebé estuvo 9 meses en el vientre de esa mamá, que no conocía otra cosa que los latidos y la voz de mamá. Que la única que realmente podía sentir a ese bebé a plenitud era la mamá. Que una vez que nace, quien suele atenderlo y entenderlo es mamá. Que mamá viene de dedicarse a ese bebé 24 horas al día, 7 días a la semana.
Y que aunque la vida suele irte preparando poco a poco para los cambios, aún, luego de estar ese bebé por más de un año con su abuela o alguien de confianza por unas horas, esa separación es muy difícil de llevar. Peor es cuando esa escuela no fomenta el período de adaptación para ese niño tan pequeño y tiene el horario como el resto de los niños de la escuela; no permite el acceso de la madre hasta el salón donde estará el bebé para que se vaya adaptando poco a poco, día a día; arrastra al niño aun llorando por la separación y lo lleva a la fuerza al salón; no permite el acceso al parque a esos niños, para que se distraigan mientras mamá se va distanciando del lugar poco a poco.
Que distinto fuera si las maestras, en lugar de recibir a los niños con jalones, fuerza y mal humor, los recibiera cantando canciones lindas en el salón, o los recibiera en el parque que tanto les gusta a los más chiquitos sólo por 15 minutos mientras se les olvida que mamá ya no estará presente por unas horas, o los recibiera con juegos dinámicos de correr o esconderse, o los recibiera con un jugo o caramelo en esos primeros días tan difíciles. O que le entregue al llegar su juguete favorito.
Estas cosas me hacen pensar en una idea loca, muy loca, en las ganas de querer montar un maternal y preescolar donde ningún niño o niña llore al llegar y que al contrario deseen asistir. En crear un lugar en el que los niños más pequeños jueguen y se diviertan y se encuentren muy felices a la hora de llegar mamá a buscarlo. En crear un lugar donde todos los niños coman sabroso y con muchas ganas porque la comida tiene dibujitos o colores llamativos para ellos. En un lugar donde los papás deseen quedarse, pero no para ver a su niño llorando sino para verlo feliz, muy feliz y se vayan con el corazón alegre e inspirado.
Un espacio de cuidados y aprendizaje en el que las listas de útiles contengan juguetes, globos, cuentos, colores, dulces y calcomanías de caritas felices en lugar de una resma de papel. Un lugar en el que las canciones les enseñen y sustituyan lo que contiene un libro aburrido para ellos. Un lugar en el que no se envíe nunca una tarea para la casa, pues en la casa debe dedicarse a compartir y jugar con sus padres.
Un lugar como este, no hará más que sembrar en esos niños la felicidad y la fuerza que va a necesitar cuando sea mayor y tenga que asumir responsabilidades. Ese lugar fomentará los valores que esos niños necesitan para tener un mundo mejor. De ese lugar, no saldrán niños egoístas o agresivos, pues eso irá en contra de todo lo que practicarán allí.
Sé que esto no sería nada fácil de crearlo y no es mi carrera, pero me lo voy a pensar en serio.
¿Ustedes inscribirían a su niñ@ allí?



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